Primera parada: “Last Chance”

Junio 2007

“Señoras y Señores en breve aterrizaremos en el aeropuerto de Nueva Delhi. Son las cuatro de la mañana y la temperatura local es de 42 Cº”

¿Cómo?

¡Ahora sí que estaba despierta!

¿Podría ser verdad, 42 Cº a estas horas de la madrugada?

¡Claro que era verdad!

¿Qué esperaba? Estábamos en junio, el último mes antes de que empiece el monzón, cuando el calor sofocante está llegando a su culminación en el Norte de la India.

Una vez fuera del aeropuerto, la intensidad del calor casi me tumbó. Subí al Rickshaw que se me había asignado en el contador del aeropuerto para dirigirme a uno de los hoteles baratos recurridos por mochileros que me había recomendado un amigo. También me había dicho que era uno de los hoteles de bajo coste más decente del barrio de Pahar Ganj y que era un buen sitio para alojarse en Delhi.

Como la mayoría de los hoteles de la zona, la habitación no tenía ventanas y dentro hacía al menos el doble de calor que fuera. Tomé una ducha rápida rezando que el trozo de madera que se estaba desprendiendo del techo no me iba a caer en la cabeza. Pensé que una ducha iba a refrescarme, pero el agua que salía del grifo tenía la temperatura de un buen caldo casero. Me tumbé encima de la cama debajo del ventilador ruidoso y tambaleante, intentando no moverme. Esto tampoco sirvió de mucho y en cuestión de segundos estaba igual de empapada que antes.

Tenía pensado quedarme una noche en Delhi y tirar hacía Rishikesh el día siguiente y aprendí que en la India hay que ser flexible. Había intentado salir de mi habitación para explorar el bazar, pero abandoné la idea después de solo cinco minutos. Era una tortura estar allí fuera, era como alguien me estaba poniendo un secador industrial de aire caliente en plena cara y con cada paso tenía la sensación de encoger. Volví al Hotel a por mis cosas y subí al siguiente autobús de turistas rumbo Rishikesh.

¡Qué ganas de salir de Delhi y que ganas más aun de llegar a mi destino!

El trayecto duró unas ocho horas y no pegue ojo en toda la noche. Por un lado porque no sabía que la intensidad de los golpes producido por las carreteras en mal estado se triplicaba en la parte trasera del bus (que por cierto estaba compartiendo con una familia India y el hijo más pequeño durmió tranquilamente con medio cuerpecito encima mío) y por el otro porque estaba muy nerviosa. Baba me había llamado el día antes y le dije cuando el bus iba a llegar.

¿Vendría a buscarme?

¿En que guesthouse me iba a alojar?

¿Como los dos íbamos a reaccionar al vernos cara a cara?

Todo olía a aventura y al amanecer crucé el puente de Ramjuhla con mi pesada mochila. También en Rishikesh ya hacía calor a estas horas tempranas, pero comparado con Delhi era un verdadero placer.

Para mí, cruzar este puente antes de que salga el sol siempre es un momento mágico. No hay ruido de tráfico y la paz me invade mientras observo como unas pocas personas ya comienzan sus rituales matutinas en las orillas del Ganges, que fluye majestuosamente por debajo de mis pies.

Me dirigí hacía el Last Chance Café, el lugar dónde quedábamos casi siempre cuando había venido a Rishikish para participar en el Festival de Yoga. Sabía que también alquilaban habitaciones. Pase por la callejuela del bazar. Todas las tiendas aún estaban cerradas y hasta las vacas y los perros callejeros aun estaban durmiendo. En el Last Chance tampoco nadie estaba despierto, me daba cosa de despertar a alguien y de Baba ni rastro. Así que por fin me quité la mochila que apretaba mis hombros y me senté en el jardín. Después de un rato apareció Vijay, que es el encargado, seguido por el cocinero y al verme ambos sonrieron de oreja a oreja y su primera pregunta fue:

“Y dónde está Baba Ji?”

“Esto ya me gustaría saber a mi” contesté.

 Me instalé en una de las habitaciones, para llamarlo de alguna manera. Creo que ahora toca describir este lugar único llamado Last Chance Café: Hasta este momento no había visto la guesthouse por dentro, ya que siempre nos habíamos sentado en el jardín o en la cabaña de bambú, que es el café-restaurante.

Más o menos estas eran mis primeras observaciones:

En la entrada se encuentra un pequeño escritorio que sirve de recepción y un armario metálico oxidado. A la derecha se hay un dormitorio con ocho camas que parece salir de una película triste sobre un orfanato. A la derecha hay una sala con cuatro puertas que llevan a las habitaciones, que de hecho se parecen podrían pasar perfectamente por establos para ganado: Las paredes están hechas de madera contrachapada que no llegan ni al techo; este espacio está cubierto por una alambrera, es decir que se puede escuchar hasta un pedito de tu vecino que está durmiendo dos habitaciones más allá. Ah, y no nos olvidemos de la habitación “Deluxe” a la que llamamos “la suite de luna de miel”, simplemente porque es la única habitación del edificio que tiene paredes de verdad, pero que en estos momentos desafortunadamente ya estaba ocupada.

Los baños y lavabos están fuera y dan al visitante la oportunidad de conocer a la fauna local de cerca, ya que allí habitan salamanquesas, ranas e insectos de todos los colores y tamaños, siempre dependiendo de la época del año. Las instalaciones no están alicatadas y funcionan con el antiguo sistema indio, también conocido como “Cubo y jarra”, es decir, no hay ducha. Lo que se hace es llenar el cubo de agua y echarse el agua por encima mediante una jarra. Lavar pelos largos requiere algo de práctica. Si realmente hace falta, se puede pedir un cubo de agua caliente en la cocina. Los váteres, también son estilo Indio, es decir que no hay asientos y que tienes que acuclillarte y practicar la postura de yoga del cuervo. De hecho yo prefiero este tipo de WC ya que me parece mucho más higiénico, visto las circunstancias.

CIMG3309

Ya había pasado un punto de fatiga en el cual fue imposible dormirme. Así que dejé todo en mi establo de vacas para dar un paseo por las orillas del Ganges, que por cierto había cambiado mucho desde mi última visita en marzo. Sus aguas ya no estaban tranquilas como lo recordaba y su color turquesa, se habían convertido en un tono café con leche, probablemente causado por lluvia y nieve fundida de los Himalayas. Me senté en un banco de piedra y observé como un gran número de ofrendas entregadas a la Madre Ganga en forma de flores de todos los colores flotaban alegremente por las suaves olas, cuando de repente sonó mi móvil.

 “Hola?”

“Ahora tu donde?”

“Sentada en un banco cerca del puente.”

“Ok. Yo vengo.”

Cinco minutos más tardes apareció mi Baba acompañado por otro sadhu. El reencuentro fue bastante formal: Nos dimos la mano, pero mi corazón palpitaba con fuerza. El, como siempre, me parecía guapísimo!

Sonrió y dijo:

“Chelo Last Chance!” – “Vamos al Last Chance!”

Advertisements

Discoveries with MILINDIAS

March 2011

Finally I came back to the Indian Himalayas with a bit of money in my pockets in February. Up here this is the coldest month of the year, when it sometimes even snows and we spend most of the time sitting around a fire, on which we also cook.

At night, we light the wood stove in our room, if we don’t want to sleep covered with ten blankets. That year the winter was short for me; soon it would be March. Spring was almost around the corner and it was easier for me to deal with the coldness, which can be pretty uncomfortable in a house which does not exactly match western standards. But this year after not having seen Baba for many months the chilliness was putting me rather in a romantic than in a bad mood.

Fire Cooking

Furthermore I was full of new energies and felt very enthusiastic because while I was working in Spain a friend of mine, who also lived in India for several years, contacted me asking to join him organizing alternative travels to India. Funny, this was the same way how I set foot on Indian soil for the first time.

INDIA –  a single country containing a thousand worlds!

Now I had the opportunity to accompany people who were going to perceive the magic of India for the very first time, in more or less the same way I did.

A wonderful project came into life: 

MILINDIAS

My friend and I truly wished to share our Indian experiences with others and give them the chance to perceive the amazing plurality of India as we do, by offering insights one would probably miss by booking a simple package tour. For both of us, India is an important chapter in our lives; it teaches us how to need less and how to love more, to accept and act instead of react.

We wanted to show India how she is; which also means to experience exactly what you are supposed to. A journey to India means diving through magic moments, but at the same time it is almost impossible to escape from her unconcealed shadows; both aspects let you reflect and grow.

Soon I would be on Indian roads again, as the small group of adventurous travelers would arrive in March.

We picked them up from Delhi, where we went to meditate in the magnificent Gurudwara Bangla Sahib. It was a great group of open-minded people of different ages, who were ready to go with the flow of the Indian rhythm.

From Delhi we took a train to Rishikesh to learn more from different kind of practices at the International Yoga Festival. We visited amazing spots like the abandoned Beatles Ashram invaded by the jungle and the ancient cave where the Sage Vashsishta was meditating for ages.

Beatles Ashram

Interesting talks about Buddhism and the teachings of His Holiness the 17th Karmapa came up and the group was keen on learning more; and so it happened that we all together decided spontaneously to cancel the scheduled visit to Amritsar, and take a train into the opposite direction to Varanasi and Bodhgaya instead, where we would have a personal audience with His Holiness.

This is what I call flexibility and a wonderful spirit of traveling!

Varanasi is definitively a must to visit in India. It represents much of what India is in one single spot: Beauty, ugliness, devotion, magic and death. We reached the city at night. The next morning before dawn we walked through the darkness to the ghats and took a boat ride on the Ganges to contemplate the sunrise and the awakening of the city from the river. Slowly the smooth light of the first sunrays started to paint the skies. As if under a spell, everyone was visibly enjoying the placidity; we even spotted the pink dolphins, whose existence I previously considered a mere rumour. Perfect moments!

The facial expressions though changed drastically after the sun started to reveal the scenery more clearly: Dead bodies of cows and dogs were floating here and there and we saw from close the smoke and movements on the burning ghats, were cremation takes place 24/7.

Just like life itself: From one moment to another perception of things and situations can change unexpectedly

All of us enjoyed the entire experience of this journey to the fullest. It was enriching in many ways and I learnt that sharing and giving is something which makes me feel really happy; but this was not my only personal discovery during that trip: I also found out that I was pregnant!

By the way.. in case  you wish to learn more about MILINDIAS, maybe you would like to have a look at our page:

https://www.facebook.com/milindias

 

 

No More Secrets !

February 2009

I was happy in my new world. But there was one thing disturbing my inner peace again and again and I had to solve it as soon as possible:

Tell my parents that I married an Indian Sadhu and that I had actually just built a house in the Himalayas, planning to live there permanently.

WOW, THIS WAS QUITE A MISSION!

The reason that I had told them as few details as possible so far about my situation was mainly that I did not want to cause any unnecessary worries.Things and stories of everyday’s life here in India can sound pretty shocking to someone who has never put a foot on these grounds and my parents had never even gone out of Europe. To explain alone the definition of a Sadhu would have taken hours and would probably even then be pretty much misunderstood.

I figured my mother would most likely exclaim something like:

“Oh my god, you are in a sect! And you got brain-washed!”

By the time she was getting unavoidably more and more worried and asked awkward questions when we talked on the phone. She kept on wondering when my temporary craze and passion for India would finally be over, which didn’t make things much easier to handle.

My plan was to wait for my next visit to Europe to tell the long and eventful story face to face. I wanted to be there in person to answer all the questions, to hug them and to show them that I was still the same daughter; the same one who grew up in Germany and who had been working in an office in Spain, only that now I had decided to take a step into a completely different direction.

bhole

But the situation turned more and more delicate and stressful for both sides. There were several months left before my return to Europe and eventually, I could not bear any longer the tension and half-truths and so I decided to write a long e-mail explaining everything that had happened as well and clear as possible. It was still better and easier than trying to explain it by phone. It would give my mother time to reread and digest the news before we would talk again on the phone.

Still, as you can imagine, the shock was big and unleashed a painful drama which lasted for several days. My mother was asking herself what she had done wrong while raising me, she sure did a good job, there is no doubt. And me, on one hand I felt guilty and bad for having caused so much trouble and pain to people I loved, but on the other hand I also felt better and incredibly relieved.

NO MORE SECRETS !

As time passed, eventually there was understanding and acceptance – and peace.

When I think about life, sometimes everything seems absurd. But if I look closer it actually all makes sense:

I cannot find myself and be happy if I live my life up to other peoples’ expectations. I still have no idea about what my mission is in this existence. The only thing I know for sure is that I am here to learn. Life is a chain of decisions and events, which in the end lead you to where you ought to be and turn you into the person you really are.

If my social surroundings wouldn’t have insisted on me to drop the kindergarten job I had started, I would never have studied languages. If I wouldn’t have studied Spanish, I would never have moved to Barcelona, where I got that stressful office job which pushed me to the decision to practice yoga; and without yoga, I would probably never have traveled to India.

For now, that’s all I know and I am looking forward to discover how the chain of life will continue to unfold itself.

Om Symbol

Mente vs. corazón

Marzo 2007

Nos quedamos en Rishikesh durante solamente una semana, pero un solo día estaba cargado con tanta intensidad e historias, que me parecía llevar ya un siglo flotando por la densa magia de mi primera aventura en la India.

Puede que algunos que ya han estado viajando por esas tierras pensarán ahora:

“¡Que chica más inocente, juntándose con uno de estos Babas de Rishikesh!”

y tengo que decir que tienen mucha razón!

Pienso que tuve mucha suerte de haberme encontrado con este sadhu en particular. Diría casi que es muy poco probable cruzarse con un sadhu “de verdad” en Rishikesh. Eso sí, las calles están repletas de hombres vestidos con túnicas naranjas, pero de hecho solo hay unos pocos que están seriamente comprometidos con un camino espiritual.

Muchas son las  historias sobre malas experiencias de viajeros, sobre todo mujeres mochileros, que han tenido amistades con algún Baba de la calle. Un sadhu de verdad no suele quedarse mucho tiempo en sitios turísticos y muchos incluso intentan evitar el contacto con turistas, especialmente con mujeres. La mayoría de ellos, que se lo toman en serio, solo hablarán unas cuantas palabras de inglés. Esto es un punto: Mi Baba apenas sabía decir algo en otro idioma que no era hindi. De hecho muchas veces yo incluso dudaba si entendía algo en absoluto de lo que yo le contaba. Lo nuestro era más bien una especie de conversaciones de alma a alma con un poquito de ayuda de lenguaje por señas.

BabaGanga

Más tiempo que pasé  con él, más me pillaba a mi misma desarrollando emociones cada vez más intensas, lo cual me asustó bastante.

¡Madre mía! ¿Acaso estaría enamorándome?

A esta pregunta mi corazón estaba pegando saltitos, pero mi mente intentaba convencerme de lo contrario diciéndome cosas como:

‘¡Venga ya! En cuanto te vayas encontrará a la siguiente chica viajera con que pasar el tiempo. ¡Deja de soñar!’

O bien:

‘¿Qué leches estas pensando? ¡Es la India y tú vives en España! En caso de que realmente hubiera una historia de amor ¿cómo iba a seguir?’

Y:

‘Chica, acabes de pasar una gran crisis amorosa ¿No iras a cagarla otra vez?’

Decidí de disfrutar del poco tiempo que iba a estar por este lugar maravilloso tratando de ignorar lo mejor posible a esta pesada lucha interna de emociones. Más rápido de lo pensado llegó el inevitable momento de la despedida.

Cuando me junté al grupo para dejar Rishikesh atrás, Baba me preguntó por mi número de teléfono. Sin vacilar lo apunté en su agenda, que por cierto estaba repleto de números y direcciones de otros viajeros de todo el mundo. De formas no me iba a llamar. Era un Baba, que dormía bajo las estrellas, sin posesiones, ni dinero. Llamadas a Europa son relativamente caras, así que al tener algo de dinero lo seguro era que lo iba a gastar en cosas esenciales para él, como comida, mantas o en fumar. Había decidido firmemente de ignorar mi agitado corazón para darle por una vez en mi vida una oportunidad a la razón de mi mente.

De vuelta en casa, todo me parecía raro:

¡ABSOLUTAMENTE TODO!

De pronto me irritaba como la gente hablaba y se relacionaba entre sí. Me asustó la velocidad con que la vida se movía, todo me parecía abstracto, sin sentido y me costaba mucho volver a conectar con mi mundo occidental.  La vuelta a la otra dimensión era como un choque cultural, pero al revés.

Pronto tocó volver al trabajo: Allí estaba yo, igual que antes, sentada en la misma silla de oficina haciendo las mismas tareas que no me gustaban. Siempre había sido una buena trabajadora obediente, pero después de este viaje decidí que no iba a hacer más horas extras, horas de mi vida que ni se pagaban, ni se podían recuperar en forma de días libres. Al fin y al cabo, la empresa no era mía, entonces ¿Porque trabajar tan duro?  La vida laboral había perdido importancia en mi vida y ya era tiempo de cuidarme más a mi misma respetando mis necesidades y limites para no dejar de sobrecogerme por el estrés. Si el simple hecho de decir NO’ me hacía sentir tan bien, seguro que estaba haciendo lo correcto.

Había pasado una semana desde la vuelta de India cuando de repente sonó mi móvil. Casi me desmallé cuando escuche la voz de mi baba.

‘Hari Om’

‘¿Hola?’ Casi se me cayó el teléfono y no sabía que decir.

‘¿Si, tu bien?’

‘Bien. Echo de menos a la India’

‘Yo también echarte de menos. ¿Qué haces?’

‘Trabajar. ¿Y tú?’

‘Yo aquí en Kashi Chai shop. Bebiendo chai y fumar’

‘ahhh…que bien…’

‘¿Cuando vuelves a India? Todo el tiempo pienso en  ti’

‘No sé. Puede que este año. Tengo que hablar con mi jefa.’

‘Ok, tú hablar, y luego vienes, ¿vale? ¿Tu bien?’

‘Si, si, yo bien.’

‘Ok. Bye bye.’

 

No me lo podía creer: ¡Llamó!

Así que igual me mente se había equivocado. La luz que conectaba las dos dimensiones empezó a viajar por el túnel del tiempo y mi cabeza no paraba de dar vueltas.

Durante mis habituales clases de yoga observaba mi cacao mental como siempre. ¡Tenía que volver! Necesitaba averiguar a dónde me llevaba esta luz. ¿Pero cómo y cuándo?

Quería volver, aunque igual no habría más que una simple pero bonita amistad con mi sadhu. Además, las historias de los mochileros que escuchaba durante mi ruta de chais diaria en Rishikesh me habían dado un montón de envidia.

¿Porque yo nunca había hecho algo así?

 La India es un país tan inmenso en todos los sentidos que me había quedado con las ganas de conocerla más y mejor. Si estos mochileros consiguieron encontrar una manera de viajar por algunos meses o incluso un año, yo también!

CIMG4523

Así que un día cualquiera entre en la oficina de mi jefa y le pregunté por seis meses de excedencia. Llevaba ya casi diez años en la empresa y nunca había pedido nada. Mi jefa no se lo esperaba y me dijo que tendría que estudiar el tema. Unos días después volví a su despacho y me dijo que igual sería posible dentro de un par de meses. Después de dos meses me dijo que igual me podría decir algo en seis meses, pero antes nada. Ese mismo día dimití.

Nunca olvidaré lo bien que me sentí ese día al salir de este edificio gris. Estaba invadida por la absoluta certeza que había hecho lo correcto. ¡Es la mejor sensación del mundo!

No se iba a acabar el mundo por finalmente haberme librado del trabajo que no me gustaba o de la relación personal que ya no me llevaba a ninguna parte. No iba a pasar nada, la vida siempre sigue de alguna manera u otra. Admito que había momentos cuando tenía una sensación de vértigo, como si alguien me hubiese arrancado la alfombra de debajo de los pies; una potente mezcla de miedo al desconocido y espíritu aventurero.

…un par de semanas más tarde cogí mi mochila rumbo a la India.

Link

ARTÍCULO PUBLICADO EN

http://www.yogaenred.com

__________________________________________________________

Rishikesh, la ciudad sagrada en las faldas de los Himalayas, siempre ha sido un lugar de fuertes vibraciones que atrae a buscadores espirituales como los sadhus, los ascetas hindúes que siguen el camino de la penitencia y la austeridad para obtener la iluminación. Poco tardó en llamar a su regazo a incontables buscadores orientales, para así convertirse en la capital mundial del yoga. Escribe Uma Nath.

Enlightment

En cuanto pisé Rishikesh por primera vez, la magia de este lugar tan especial con la energía fluyente del Ganges, me cautivó de inmediato. Me fascinó la presencia de la espiritualidad en cada rincón y por supuesto quería practicar algo de yoga. No tardé mucho en darme cuenta de que no iba a ser nada fácil encontrar una clase y un profesor de yoga que encajasen conmigo. Hay cientos de ofertas de clases y talleres de yoga y meditación, así como incontables escuelas y ashrams que ofrecen sus programas a buscadores espirituales. Los muros de las calles y los restaurantes están repletos de carteles anunciando clases y retiros de todo tipo. Uno en especial me llamó la atención. Decía:

¡Ilumínate en solo tres días!

¡Impresionante! Tampoco tenía muy claro qué tipo de yoga quería probar. Entre Hatha, Kriya, Ashtanga, Iyengar y Trika yoga, estaba hecha un lío. Me decidí por el Hatha, y mi primera clase la probé en un ashram cerca del hostal donde me estaba alojando, donación sugerida 200 rupias.

He de decir que el joven profesor era un hathayogui excelente, sus posturas eran impecables y realmente admirables, pero igual no era tan buen profesor. Durante una clase me giré para ver de dónde procedían los extraños gemidos que llevaba ya escuchando desde hacía un buen rato detrás de mí. Eran unos chicos coreanos, que probablemente estaban tomando la primera clase de yoga de su vida. Intentaban imitar al profesor lo mejor que podían, pero sus caras reflejaban un sufrimiento algo frustrante. No llegué a entender por qué el profesor no les enseñaba posturas alternativas y por qué no se acercó para cuidar de ellos.

Algo que dijo mi maestra durante una clase de Kundalini Yoga en Barcelona y que nunca más olvidaré me vino a la mente: “Yoga, practicado sin amor, no es yoga”.

Así es, al fin y al cabo la palabra yoga significa unión. Personalmente considero que el yoga es mucho más que practicar posturas complicadas: es una forma de hacer el amor con el alma.

También tuve el placer un poco espantoso de conocer al campeón mundial de yoga. Hasta entonces no sabía ni de la existencia de este tipo de campeonatos. Él también era por supuesto un súperyogui, que disfrutaba mucho de dar una pequeña demostración de sus habilidades yoguicas en forma de ásanas complicadas o bajando el ritmo de su corazón al mínimo delante de quien mostraba cierto interés en yoga. Muy interesante, pero yo pensaba que el yoga es una práctica muy íntima y personal que ayuda a abrir no solamente el cuerpo, sino también el corazón y el espíritu.

¿Acaso estaba equivocada?

Gracias a Dios encontré finalmente el yoga que me gustaba de verdad! El profesor sij, un hombre sabio y muy humilde, enseñaba el Hatha desde el fondo de su corazón, cuidando de cada uno de los muchos estudiantes presentes en sus clases. De hecho, había dejado su carrera profesional de ingeniero para dedicarse a su pasión, el Hatha Yoga.

Por supuesto hay un buen número de buenos profesores de yoga en Rishikesh, y cada uno de nosotros acabará antes o después encontrando aquel con el que más vibre. Yo por mí, encantada con mi descubrimiento, me quedé con este.

También puede que, a veces, no dominar del todo el idioma inglés (y uno tarda un poquito en acostumbrarse al acento indio) represente una barrera para profundizar la práctica.

Si estás barajando la idea de formarte como profesor de yoga en India, igual te interesa esta propuesta que desde Milindias organizamos junto con Ricardo Ferrer, Instituto del Yoga Europeo.

Si quieres más información: www.milindias.com

Om Namah Shivaya!

Milindias banner

A veces el camino del yoga acaba en India

Durante los más de diez años que vivía en España llevaba una vida normalita, así más o menos como todo el mundo y tenía un trabajo rutinario de oficina al que acudía cada día de la semana como una buena hormiguita, esperando impacientemente la llegada de los fines de semana. Igual hoy en día también se considera normal pasar ataques de ansiedad por padecer el síndrome de agotamiento laboral; al menos en mi entorno no era la única que sufría de ellos con regularidad.

Llegó el momento en que sentí que ya no podía, ni quería llevar mi vida de esta manera y emprendí la búsqueda hacia algún tipo de equilibrio para relajar mi mente y cuerpo sobrecargados. Probé el gimnasio y la natación. No me gustó demasiado y ambos me dejaron igual de vacía. Decidí que si algo me ha de ayudar con mi dilema, también me ha de gustar de verdad; sino poco sentido tiene. Finalmente me encontró el Kundalini yoga. Se trata de una herramienta muy potente que incluye mucha meditación dentro de su práctica.

¡Al principio pensé que yo no era normal!

No podía evitar de mirar a los demás estudiantes de reojo durante las meditaciones. Parecía que todos estaban sumergidos completamente en su interior, sus caras reflejando calma y paz profunda – lo cual me irritaba bastante, porque no era para nada lo que estaba ocurriendo dentro de mí! Mi mente no se callaba, era una autopista de imágenes  y pensamientos. El tremendo caos interno que se me reveló me asustó bastante y me preguntaba si está autopista siempre había estado allí o si bien era algún misterioso fenómeno yoguico. Antes de empezar a practicar al menos, nunca la había percibido. Un día después de clase me acerqué a la profesora para comentarle mi preocupación. Sonrió y me dijo que lo que me ocurría era de lo más normal y que no me tendría que preocupar.

Sketch145224146

¡Qué alivio saber, que yo no era ningún bicho raro!

El intenso tráfico  de pensamientos siempre había existido, y de hecho estaba aprendiendo a observarlo. Parecía que mi subconsciente estaba pasando por una limpieza de viejos patrones para crear espacio para algo nuevo. El recién descubrimiento de mi mundo interior me fascinó tanto que después de sólo unos cuantos meses me apunté al programa de formación de profesores.

Un día un póster que estaba colgado dentro del centro de yoga me llamó la atención: Se trataba de un viaje alternativo a la India con enfoque espiritual.

¡INDIA, LA CUNA DEL YOGA!

Curiosamente hasta este día, nunca había tenido ningún interés especial por la India, pero algo extraño pasó: Sentía la necesidad de seguir a esta mística llamada. Algo dentro de mi me decía que tenía que ir. – Así que fui.

El programa era Delhi – Rishikesh – Amritsar, un viaje que iba a durar poco más de catorce días. En cuanto mis pies pisaron tierra India por primera vez tenía la sensación de flotar constantemente por el aire: Estaba sumergida en una ola de sensaciones desconocidas, fascinada por el misterio de lo más cotidiano. Los sonidos, el olor a incienso y la vida multicolor de este lugar me llevaron a otro un desconocido estado emocional y mental.

En Rishikesh nos íbamos a sumar al festival internacional de yoga. Atendí algunas clases, pero al fin y al cabo era mi primera vez en la India y había tantas cosas que ver y descubrir por las calles que era incapaz de quedarme todo el día dentro del ashram, sabiendo que la intensa vida multicolor que marca este país estaba ocurriendo a sólo un paso detrás de los muros del recinto. Pensé que en España podría practicar todo el yoga que quisiera, pero quien me podía decir cuando, o si de hecho iba a volver algún día a India?

Así que me aventuré por las calles de Rishikesh. Tomaba chais en el borde de la carretera para charlar con los vendedores, fui a explorar ocultos rincones del pueblo y me bañe en el Ganges. Así vivía mis pequeñas aventuras día a día. De hecho Rishikesh es un lugar fantástico para hacer nada más que sentarse en un chai shop durante horas y observar como la vida de la India pasa por delante, bailando a su propio ritmo. Las historias más increíbles ocurren justo en frente de uno sin tener que dar ni un solo paso. Las cosas simplemente vienen hacía ti. Estos establecimientos también ofrecen una excelente oportunidad para encontrarse con otros viajeros y charlar un rato. La mayoría de los mochileros con quienes me encontré llevaba viajando ya desde hacía meses o incluso años… ¡y yo iba a estar en este maravilloso país nada más que unas pocas semanas!

¿Y porque nunca se me había ocurrido a mí poner cuatro cosas en mi mochila para descubrir el mundo?

Pienso que viajar es la mejor inversión del mundo: Las memorias de un viaje te acompañarán hasta el último de tus días en este planeta, mientras que todo lo que se puede comprar con dinero perderá de valor antes o después.

Una mañana muy temprano, poco antes de levantarse el sol, salí del ashram para dar un paseo por el caminito de los sadhus que pasa por la orilla del Ganges. Me invadió una sensación de harmonía profunda al respirar la magia de una madrugada india: Muchas personas ya estaba susurrando sus rezos a la madre Ganga haciéndole ofrendas en forma de inciensos y flores o incluso tomando un baño de purificación en las aguas cristalinas, mientras los sonidos sanadores de las pujas matutinas de los incontables ashrams llenaban el aire con vibraciones de paz.

tK

De repente un personaje vestido de color naranja apareció de la nada. Era un joven sadhu con que ya había cruzado miradas varias veces durante mis excursiones por el pueblo. Me saludó con un respetuoso: “Hari Om” cuando pasó por mi lado. Devolví el saludo y me giré detrás de él para ver que el hizo exactamente lo mismo. Acabamos tomando un chai juntos y con este encuentro se dio comienzo a un nuevo capítulo de mi vida.

Spiritual Rebellion

September 2007

Something strange happened to me in India; I realized that I actually felt more spiritual back home than in the land of spirituality. I took some yoga classes in an ashram in Rishikesh, where the teacher was an excellent yogi, but in my opinion a pretty poor teacher. There he was, performing complicated asanas in front of the students, who tried to do their best to imitate him. I saw some korean guys behind me, who were obviously taking their first yoga class ever. They were almost killing themselves with an expression of deep suffering in their faces. I wondered why the teacher just ignored them and did not explain the easy version of the posture instead. puja flowers

I remember a phrase my yoga teacher back home said once:

Yoga practiced without love is not yoga!

Of course, there are plenty of really good yoga teachers, but there are so many classes and workshops, that it takes time to find the one that suits you best. I found a really good teacher and went to his classes from time to time. He is this kind of person who teaches with the heart; his yoga classes are pure magic! But still there was something in this spiritual wonderland that irritated me pretty much. CIMG4411Frequently I went for breakfast at an ayurvedic café near my guesthouse. After their daily yoga and meditation classes many westerners with expressions of inner peace on their faces used to walk in. Their conversations were not to be overheard. Most of the time they were talking about which and how many spiritual masters they had met, which one was the best, how advanced their yoga practice was and discussing the dos and don’ts for leading a fulfilled spiritual life. Sometimes they also criticized people they had met who were not on any spiritual path while their halos turned brighter and brighter. Of course it is perfectly fine to exchange knowledge and experiences about something that you are passionate about, but most of the conversations I overheard were nothing but a verbal competition with the spiritual egos speaking. Once, the Indian waiter came in and one of the ladies treated him like a piece of crap because he had put white sugar into her herbal tea instead of honey. Then there were the numerous Sadhus pretending to be interested in me as a person, but eventually always ended up asking for some money. When they looked at me I had the impression to have the dollar sign tattooed on my forehead. I didn’t feel like a person anymore when talking to them, but like an ATM. There were the brahmans covered with heavy gold jewellery taking people to holy sites to perform an auspicious puja for their wellbeing in exchange for donation. Once, one of them approached me. I asked him how much the puja would cost. He told me that this was up to me and that I was free to give whatever I wished. I handed him 50 rupees after the ceremony. He got very upset and told me that the donation had to be at least 500 rupees. I replied that next time he should better tell the price for his god business so he would not have to get angry. His face turned dark red and off he drove on his expensive motorbike. More and more I had the need to absent myself from these strange energies and asked myself what’s the deal with spiritual practice, yoga and meditation, if actually you don’t make any effort to apply it in everyday life situations? I lost all interest for spirituality for some time and rather prefered to stick to “normal” people, spend time in nature and listen to my inner voice. It was like my own inner spiritual rebellion. I don’t want to follow any path blindly. There are so many good teachings, but I mostly don’t agree completely with any of them and I think it is okay like that. I internalize what feels good to me and ignore the rest. I don’t have to defend my ideals and believes or argue about them with anybody; I know what I know and that’s enough for me. I like to listen though to other people, even if their point of view differs a lot from mine and I learned not to take things personal. Live and let live… Everybody is free to follow their own path in their own way; in the end, all of them lead to the same direction. The best thing I can do for myself and my surroundings is to get to know myself as well as possible and always try to be a better person than I already am.