Caminando por las huellas de John Lennon

Julio 2007

…me encantó Rishikesh y estaba encantada con mi Baba!

A ratos todo me parecía absolutamente surrealista, aún estaba pensando mucho en el trabajo.

Mientras que estaba sentada en las orillas del ganges, bañando mis pies en su agua sagrada, rodeada por alegres mariposas amarillas, me acordé de que en este preciso instante estaría sentada en mi oficina gris de Barcelona y que tocaría redactar el informe semanal. Con una sonrisa satisfecha borré esa imagen de mi mente observando como las suaves olas acariciaban los dedos de mis pies. Suspiré profundamente sintiendo una profunda gratitud por finalmente haber sido capaz de dejar ese trabajo que me tenía atrapada durante tantos años y que en realidad nunca me gustó.

Beatlesashram

Un día, Baba y yo estábamos sentados en el Last Chance Café a solas cuando de repente me preguntó:

“Ek puppy milega?”

Esto lo hacía mucho; hablarme en hindi y claro que yo no entendí ni papa. Pero ya había aprendido que “ek” significa uno y “milega”  posible. Estaba confundida…

¿Qué quería qué?

“Puppy” quiere decir cachorro en inglés; no tenía sentido, así que le pregunté:

“Puppy? Que quieres decir? Un perrito?!?”

Se rió y dijo:

“No perrito! Besoooo!”

…Bueno, supongo que esto fue cuando nos convertimos en pareja…


Era la época del monzón y no había muchos turistas. Descubrí lugares hermosos, pero la mayoría del tiempo simplemente no hacíamos nada y disfrutábamos de nuestro tiempo en la guesthouse, dónde ya formábamos parte de la familia del Last Chance Café.

Mi sitio favorito era y todavía es el Ashram de los Beatles. Se llama así porque el famoso grupo musical vino aquí en 1968 para abrirse a la meditación trascendental siguiendo las instrucciones del Gurú Maharishi Mahesh Yogi.

Cabañas de meditación

Parece que el recinto fue un pequeño pueblo autónomo en sus días de gloria. Tenía su propio banco y oficina de correos. Ahora solo quedan ruinas invadidas por la naturaleza, pero es pura magia pasear por este sitio en medio de la selva, dónde lianas e inmensas buganvillas se han apoderado de los viejos edificios. Es fácil imaginarse que aspecto debería haber tenido entonces, en los viejos tiempos hippies. ¡Parece de locos que John Lennon y Paul Mc Cartney estuvieron paseando por estos mismos senderos!

Los residentes de Rishikesh también lo llaman Chaurasi (84) Kutir (cabaña), ya que hay 84 cabañas individuales de meditación con un interesante diseño redondo dentro del ashram. También hay grandes edificios con  numerosas habitaciones dónde se alojaban los devotos y una gran sala de meditación cuyos muros lucen muy buenas obras de arte creados por gente de todo el mundo que pasa por allí, así que ahora se conoce como  “The Beatles Cathedral Art Gallery”.

Beatles Ashram Art GalleryLamentablemente todos los edificios han sido saqueados después del abandono del ashram. La gente se llevó todo que se podía vender o usar para la construcción: Barras de hierro, azulejos y hasta los asientos de váter. Pero en algunas habitaciones aún encontré pequeños tesoros en forma de viejas revistas y panfletos sobre retiros de yoga publicados en los años 70.

El espacio subterráneo de meditación es un lugar un poco escalofriante: Consiste en un estrecho y larguísimo túnel oscuro que da por ambos lados a un gran número de pequeñas cuevitas redondas de meditación. Murciélagos, ratas y serpientes lo han hecho su hogar y es realmente espantoso atravesar el túnel con nada más que una linterna. No me extraña que los sadhus cuenten tantas historias sobre fantasmas y espíritus que aparentemente residen dentro del Beatles Ashram.

Beatles Ashram RooftopLas azoteas de los grandes edificios son maravillosas, ya que ofrecen unas vistas espectaculares sobre el Ganges, especialmente durante las puestas del sol. Los mosaicos que cubren el suelo me recuerdan mucho a las obras de Antoni Gaudí. A través de una escalera uno puede penetrar dentro de los gigantescos depósitos de agua en forma de huevo, que son especialmente populares entre músicos y yoguis, porque la acústica y el ambiente dentro de esos huevos son fantásticos para tocar música o meditar.

Una vez queríamos pasar una noche romántica en uno de los huevos. ¡Era un desastre! Demasiado polvo e insectos, mezclados con los sonidos salvajes de la jungla, no me dejaron pegar ni ojo en toda la noche. Los residentes dicen que leopardos, tigres, elefantes y otras criaturas salvajes deambulan por allí y Baba dice que una vez vio una cobra de cinco cabezas!

¡Por suerte yo nunca tuve un encuentro de este tipo!

La única cosa que ví allí eran inofensivos pavos reales y gigantes pilas de excrementos, que me confirmaron la existencia de elefantes en el aérea.

Ahora el Beatles Ashram pertenece al gobierno. Antes había un vigilante del departamento forestal, que vivía en el viejo edificio de recepción y cuyo deber era no dejar pasar a nadie por razones de seguridad. Pero por un poco de baksheesh (soborno) te dejaba pasar. Por un poquito más de baksheesh incluso daba permiso para celebrar fiestas y jam sessions y por si no querías entrar en el juego de sobornos, otra alternativa era colarse por la parte de atrás.

No sé muy bien porqué y cómo, pero ahora el vigilante fue reemplazado por un sadhu que se llama Langra Baba (Baba Cojo). No tengo ni idea de que ocurrió y admito que desde hace mucho tiempo ya no intento averiguar razones lógicas en este país. Por un lado porque no suelo entender la mayoría de explicaciones que se me dan de todas formas, porque no tienen sentido y por el otro, porque a veces las cosas en la India simplemente SON y punto.


“EL TIEMPO QUE DISFRUTAS PERDIENDO NO ES TIEMPO PERDIDO!”

 – JOHN LENNON

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Mente vs. corazón

Marzo 2007

Nos quedamos en Rishikesh durante solamente una semana, pero un solo día estaba cargado con tanta intensidad e historias, que me parecía llevar ya un siglo flotando por la densa magia de mi primera aventura en la India.

Puede que algunos que ya han estado viajando por esas tierras pensarán ahora:

“¡Que chica más inocente, juntándose con uno de estos Babas de Rishikesh!”

y tengo que decir que tienen mucha razón!

Pienso que tuve mucha suerte de haberme encontrado con este sadhu en particular. Diría casi que es muy poco probable cruzarse con un sadhu “de verdad” en Rishikesh. Eso sí, las calles están repletas de hombres vestidos con túnicas naranjas, pero de hecho solo hay unos pocos que están seriamente comprometidos con un camino espiritual.

Muchas son las  historias sobre malas experiencias de viajeros, sobre todo mujeres mochileros, que han tenido amistades con algún Baba de la calle. Un sadhu de verdad no suele quedarse mucho tiempo en sitios turísticos y muchos incluso intentan evitar el contacto con turistas, especialmente con mujeres. La mayoría de ellos, que se lo toman en serio, solo hablarán unas cuantas palabras de inglés. Esto es un punto: Mi Baba apenas sabía decir algo en otro idioma que no era hindi. De hecho muchas veces yo incluso dudaba si entendía algo en absoluto de lo que yo le contaba. Lo nuestro era más bien una especie de conversaciones de alma a alma con un poquito de ayuda de lenguaje por señas.

BabaGanga

Más tiempo que pasé  con él, más me pillaba a mi misma desarrollando emociones cada vez más intensas, lo cual me asustó bastante.

¡Madre mía! ¿Acaso estaría enamorándome?

A esta pregunta mi corazón estaba pegando saltitos, pero mi mente intentaba convencerme de lo contrario diciéndome cosas como:

‘¡Venga ya! En cuanto te vayas encontrará a la siguiente chica viajera con que pasar el tiempo. ¡Deja de soñar!’

O bien:

‘¿Qué leches estas pensando? ¡Es la India y tú vives en España! En caso de que realmente hubiera una historia de amor ¿cómo iba a seguir?’

Y:

‘Chica, acabes de pasar una gran crisis amorosa ¿No iras a cagarla otra vez?’

Decidí de disfrutar del poco tiempo que iba a estar por este lugar maravilloso tratando de ignorar lo mejor posible a esta pesada lucha interna de emociones. Más rápido de lo pensado llegó el inevitable momento de la despedida.

Cuando me junté al grupo para dejar Rishikesh atrás, Baba me preguntó por mi número de teléfono. Sin vacilar lo apunté en su agenda, que por cierto estaba repleto de números y direcciones de otros viajeros de todo el mundo. De formas no me iba a llamar. Era un Baba, que dormía bajo las estrellas, sin posesiones, ni dinero. Llamadas a Europa son relativamente caras, así que al tener algo de dinero lo seguro era que lo iba a gastar en cosas esenciales para él, como comida, mantas o en fumar. Había decidido firmemente de ignorar mi agitado corazón para darle por una vez en mi vida una oportunidad a la razón de mi mente.

De vuelta en casa, todo me parecía raro:

¡ABSOLUTAMENTE TODO!

De pronto me irritaba como la gente hablaba y se relacionaba entre sí. Me asustó la velocidad con que la vida se movía, todo me parecía abstracto, sin sentido y me costaba mucho volver a conectar con mi mundo occidental.  La vuelta a la otra dimensión era como un choque cultural, pero al revés.

Pronto tocó volver al trabajo: Allí estaba yo, igual que antes, sentada en la misma silla de oficina haciendo las mismas tareas que no me gustaban. Siempre había sido una buena trabajadora obediente, pero después de este viaje decidí que no iba a hacer más horas extras, horas de mi vida que ni se pagaban, ni se podían recuperar en forma de días libres. Al fin y al cabo, la empresa no era mía, entonces ¿Porque trabajar tan duro?  La vida laboral había perdido importancia en mi vida y ya era tiempo de cuidarme más a mi misma respetando mis necesidades y limites para no dejar de sobrecogerme por el estrés. Si el simple hecho de decir NO’ me hacía sentir tan bien, seguro que estaba haciendo lo correcto.

Había pasado una semana desde la vuelta de India cuando de repente sonó mi móvil. Casi me desmallé cuando escuche la voz de mi baba.

‘Hari Om’

‘¿Hola?’ Casi se me cayó el teléfono y no sabía que decir.

‘¿Si, tu bien?’

‘Bien. Echo de menos a la India’

‘Yo también echarte de menos. ¿Qué haces?’

‘Trabajar. ¿Y tú?’

‘Yo aquí en Kashi Chai shop. Bebiendo chai y fumar’

‘ahhh…que bien…’

‘¿Cuando vuelves a India? Todo el tiempo pienso en  ti’

‘No sé. Puede que este año. Tengo que hablar con mi jefa.’

‘Ok, tú hablar, y luego vienes, ¿vale? ¿Tu bien?’

‘Si, si, yo bien.’

‘Ok. Bye bye.’

 

No me lo podía creer: ¡Llamó!

Así que igual me mente se había equivocado. La luz que conectaba las dos dimensiones empezó a viajar por el túnel del tiempo y mi cabeza no paraba de dar vueltas.

Durante mis habituales clases de yoga observaba mi cacao mental como siempre. ¡Tenía que volver! Necesitaba averiguar a dónde me llevaba esta luz. ¿Pero cómo y cuándo?

Quería volver, aunque igual no habría más que una simple pero bonita amistad con mi sadhu. Además, las historias de los mochileros que escuchaba durante mi ruta de chais diaria en Rishikesh me habían dado un montón de envidia.

¿Porque yo nunca había hecho algo así?

 La India es un país tan inmenso en todos los sentidos que me había quedado con las ganas de conocerla más y mejor. Si estos mochileros consiguieron encontrar una manera de viajar por algunos meses o incluso un año, yo también!

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Así que un día cualquiera entre en la oficina de mi jefa y le pregunté por seis meses de excedencia. Llevaba ya casi diez años en la empresa y nunca había pedido nada. Mi jefa no se lo esperaba y me dijo que tendría que estudiar el tema. Unos días después volví a su despacho y me dijo que igual sería posible dentro de un par de meses. Después de dos meses me dijo que igual me podría decir algo en seis meses, pero antes nada. Ese mismo día dimití.

Nunca olvidaré lo bien que me sentí ese día al salir de este edificio gris. Estaba invadida por la absoluta certeza que había hecho lo correcto. ¡Es la mejor sensación del mundo!

No se iba a acabar el mundo por finalmente haberme librado del trabajo que no me gustaba o de la relación personal que ya no me llevaba a ninguna parte. No iba a pasar nada, la vida siempre sigue de alguna manera u otra. Admito que había momentos cuando tenía una sensación de vértigo, como si alguien me hubiese arrancado la alfombra de debajo de los pies; una potente mezcla de miedo al desconocido y espíritu aventurero.

…un par de semanas más tarde cogí mi mochila rumbo a la India.

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ARTÍCULO PUBLICADO EN

http://www.yogaenred.com

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Rishikesh, la ciudad sagrada en las faldas de los Himalayas, siempre ha sido un lugar de fuertes vibraciones que atrae a buscadores espirituales como los sadhus, los ascetas hindúes que siguen el camino de la penitencia y la austeridad para obtener la iluminación. Poco tardó en llamar a su regazo a incontables buscadores orientales, para así convertirse en la capital mundial del yoga. Escribe Uma Nath.

Enlightment

En cuanto pisé Rishikesh por primera vez, la magia de este lugar tan especial con la energía fluyente del Ganges, me cautivó de inmediato. Me fascinó la presencia de la espiritualidad en cada rincón y por supuesto quería practicar algo de yoga. No tardé mucho en darme cuenta de que no iba a ser nada fácil encontrar una clase y un profesor de yoga que encajasen conmigo. Hay cientos de ofertas de clases y talleres de yoga y meditación, así como incontables escuelas y ashrams que ofrecen sus programas a buscadores espirituales. Los muros de las calles y los restaurantes están repletos de carteles anunciando clases y retiros de todo tipo. Uno en especial me llamó la atención. Decía:

¡Ilumínate en solo tres días!

¡Impresionante! Tampoco tenía muy claro qué tipo de yoga quería probar. Entre Hatha, Kriya, Ashtanga, Iyengar y Trika yoga, estaba hecha un lío. Me decidí por el Hatha, y mi primera clase la probé en un ashram cerca del hostal donde me estaba alojando, donación sugerida 200 rupias.

He de decir que el joven profesor era un hathayogui excelente, sus posturas eran impecables y realmente admirables, pero igual no era tan buen profesor. Durante una clase me giré para ver de dónde procedían los extraños gemidos que llevaba ya escuchando desde hacía un buen rato detrás de mí. Eran unos chicos coreanos, que probablemente estaban tomando la primera clase de yoga de su vida. Intentaban imitar al profesor lo mejor que podían, pero sus caras reflejaban un sufrimiento algo frustrante. No llegué a entender por qué el profesor no les enseñaba posturas alternativas y por qué no se acercó para cuidar de ellos.

Algo que dijo mi maestra durante una clase de Kundalini Yoga en Barcelona y que nunca más olvidaré me vino a la mente: “Yoga, practicado sin amor, no es yoga”.

Así es, al fin y al cabo la palabra yoga significa unión. Personalmente considero que el yoga es mucho más que practicar posturas complicadas: es una forma de hacer el amor con el alma.

También tuve el placer un poco espantoso de conocer al campeón mundial de yoga. Hasta entonces no sabía ni de la existencia de este tipo de campeonatos. Él también era por supuesto un súperyogui, que disfrutaba mucho de dar una pequeña demostración de sus habilidades yoguicas en forma de ásanas complicadas o bajando el ritmo de su corazón al mínimo delante de quien mostraba cierto interés en yoga. Muy interesante, pero yo pensaba que el yoga es una práctica muy íntima y personal que ayuda a abrir no solamente el cuerpo, sino también el corazón y el espíritu.

¿Acaso estaba equivocada?

Gracias a Dios encontré finalmente el yoga que me gustaba de verdad! El profesor sij, un hombre sabio y muy humilde, enseñaba el Hatha desde el fondo de su corazón, cuidando de cada uno de los muchos estudiantes presentes en sus clases. De hecho, había dejado su carrera profesional de ingeniero para dedicarse a su pasión, el Hatha Yoga.

Por supuesto hay un buen número de buenos profesores de yoga en Rishikesh, y cada uno de nosotros acabará antes o después encontrando aquel con el que más vibre. Yo por mí, encantada con mi descubrimiento, me quedé con este.

También puede que, a veces, no dominar del todo el idioma inglés (y uno tarda un poquito en acostumbrarse al acento indio) represente una barrera para profundizar la práctica.

Si estás barajando la idea de formarte como profesor de yoga en India, igual te interesa esta propuesta que desde Milindias organizamos junto con Ricardo Ferrer, Instituto del Yoga Europeo.

Si quieres más información: www.milindias.com

Om Namah Shivaya!

Milindias banner

A veces el camino del yoga acaba en India

Durante los más de diez años que vivía en España llevaba una vida normalita, así más o menos como todo el mundo y tenía un trabajo rutinario de oficina al que acudía cada día de la semana como una buena hormiguita, esperando impacientemente la llegada de los fines de semana. Igual hoy en día también se considera normal pasar ataques de ansiedad por padecer el síndrome de agotamiento laboral; al menos en mi entorno no era la única que sufría de ellos con regularidad.

Llegó el momento en que sentí que ya no podía, ni quería llevar mi vida de esta manera y emprendí la búsqueda hacia algún tipo de equilibrio para relajar mi mente y cuerpo sobrecargados. Probé el gimnasio y la natación. No me gustó demasiado y ambos me dejaron igual de vacía. Decidí que si algo me ha de ayudar con mi dilema, también me ha de gustar de verdad; sino poco sentido tiene. Finalmente me encontró el Kundalini yoga. Se trata de una herramienta muy potente que incluye mucha meditación dentro de su práctica.

¡Al principio pensé que yo no era normal!

No podía evitar de mirar a los demás estudiantes de reojo durante las meditaciones. Parecía que todos estaban sumergidos completamente en su interior, sus caras reflejando calma y paz profunda – lo cual me irritaba bastante, porque no era para nada lo que estaba ocurriendo dentro de mí! Mi mente no se callaba, era una autopista de imágenes  y pensamientos. El tremendo caos interno que se me reveló me asustó bastante y me preguntaba si está autopista siempre había estado allí o si bien era algún misterioso fenómeno yoguico. Antes de empezar a practicar al menos, nunca la había percibido. Un día después de clase me acerqué a la profesora para comentarle mi preocupación. Sonrió y me dijo que lo que me ocurría era de lo más normal y que no me tendría que preocupar.

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¡Qué alivio saber, que yo no era ningún bicho raro!

El intenso tráfico  de pensamientos siempre había existido, y de hecho estaba aprendiendo a observarlo. Parecía que mi subconsciente estaba pasando por una limpieza de viejos patrones para crear espacio para algo nuevo. El recién descubrimiento de mi mundo interior me fascinó tanto que después de sólo unos cuantos meses me apunté al programa de formación de profesores.

Un día un póster que estaba colgado dentro del centro de yoga me llamó la atención: Se trataba de un viaje alternativo a la India con enfoque espiritual.

¡INDIA, LA CUNA DEL YOGA!

Curiosamente hasta este día, nunca había tenido ningún interés especial por la India, pero algo extraño pasó: Sentía la necesidad de seguir a esta mística llamada. Algo dentro de mi me decía que tenía que ir. – Así que fui.

El programa era Delhi – Rishikesh – Amritsar, un viaje que iba a durar poco más de catorce días. En cuanto mis pies pisaron tierra India por primera vez tenía la sensación de flotar constantemente por el aire: Estaba sumergida en una ola de sensaciones desconocidas, fascinada por el misterio de lo más cotidiano. Los sonidos, el olor a incienso y la vida multicolor de este lugar me llevaron a otro un desconocido estado emocional y mental.

En Rishikesh nos íbamos a sumar al festival internacional de yoga. Atendí algunas clases, pero al fin y al cabo era mi primera vez en la India y había tantas cosas que ver y descubrir por las calles que era incapaz de quedarme todo el día dentro del ashram, sabiendo que la intensa vida multicolor que marca este país estaba ocurriendo a sólo un paso detrás de los muros del recinto. Pensé que en España podría practicar todo el yoga que quisiera, pero quien me podía decir cuando, o si de hecho iba a volver algún día a India?

Así que me aventuré por las calles de Rishikesh. Tomaba chais en el borde de la carretera para charlar con los vendedores, fui a explorar ocultos rincones del pueblo y me bañe en el Ganges. Así vivía mis pequeñas aventuras día a día. De hecho Rishikesh es un lugar fantástico para hacer nada más que sentarse en un chai shop durante horas y observar como la vida de la India pasa por delante, bailando a su propio ritmo. Las historias más increíbles ocurren justo en frente de uno sin tener que dar ni un solo paso. Las cosas simplemente vienen hacía ti. Estos establecimientos también ofrecen una excelente oportunidad para encontrarse con otros viajeros y charlar un rato. La mayoría de los mochileros con quienes me encontré llevaba viajando ya desde hacía meses o incluso años… ¡y yo iba a estar en este maravilloso país nada más que unas pocas semanas!

¿Y porque nunca se me había ocurrido a mí poner cuatro cosas en mi mochila para descubrir el mundo?

Pienso que viajar es la mejor inversión del mundo: Las memorias de un viaje te acompañarán hasta el último de tus días en este planeta, mientras que todo lo que se puede comprar con dinero perderá de valor antes o después.

Una mañana muy temprano, poco antes de levantarse el sol, salí del ashram para dar un paseo por el caminito de los sadhus que pasa por la orilla del Ganges. Me invadió una sensación de harmonía profunda al respirar la magia de una madrugada india: Muchas personas ya estaba susurrando sus rezos a la madre Ganga haciéndole ofrendas en forma de inciensos y flores o incluso tomando un baño de purificación en las aguas cristalinas, mientras los sonidos sanadores de las pujas matutinas de los incontables ashrams llenaban el aire con vibraciones de paz.

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De repente un personaje vestido de color naranja apareció de la nada. Era un joven sadhu con que ya había cruzado miradas varias veces durante mis excursiones por el pueblo. Me saludó con un respetuoso: “Hari Om” cuando pasó por mi lado. Devolví el saludo y me giré detrás de él para ver que el hizo exactamente lo mismo. Acabamos tomando un chai juntos y con este encuentro se dio comienzo a un nuevo capítulo de mi vida.

I LOVE MY INDIA

La célebre frase “I LOVE MY INDIA” aparece en la mayoría de las tiendas de recuerdos por el todo el país. Es un eslogan muy popular que adorna camisetas, pegatinas, pósteres e incluso tazas.

¡Me encanta, simplemente porque es una gran verdad!.

La India representa un pequeño universo en sí. Se puede decir que existen tantas Indias como hay dioses hindúes, que según la mitología son 33 millones!

El país se compone de 28 estados y cada estado consta de varias regiones. Hay 22 idiomas oficiales y  además un gran número de dialectos. La diversidad cultural y tradicional es inmensa, ya que cada lugar tiene sus propias costumbres a nivel estatal, regional y municipal. Me recuerda un poco al juego ruso de las muñecas Babushkas: Después de descubrir una muñequita dentro de la “madre”, se revela una más y luego otra más y de hecho nunca se sabe, cuando el juego se acabará.

Las experiencias de cada uno, lo que ve y vive por la India no solamente dependen de los lugares que visita, sino también influye como viaja, con quien y con qué tipo personajes se encuentra por el camino.

Cuando cuento de ¨mi¨ India, me refiero a mis experiencias personales. “Mi” India está coloreada por la gente sencilla del pueblo, mochileros, viajeros freaky, jóvenes y viejos hippies, buscadores espirituales, sadhus más o menos fiables, hostales sin estrellas y viajes en trenes y autobuses locales.

Total:

Es la India de las cosas súper-simples, pero complicadas.

I-Love-My-India-2014-WallpaperHe de decir que casi no tengo, ni busco contacto con la sociedad moderna de la India, ni me gustan demasiado sus grandes ciudades. Supongo que la razón porqué no me atrae, es que se trata de cosas a las que menos echo de menos cuando me acuerdo de mi “casa” en occidente.

Cuando estoy por Europa la gente a veces me pregunta

“¿Como es la India?”

y no tengo respuesta, ya que la India está llena de contrastes en todos los niveles. Creo que la India es lo que tú haces de ella, o bien lo que ella hace contigo – que al fin y al cabo viene a ser lo mismo.

Una vez fui a pasar una tarde en un centro comercial cerca de Delhi. La puerta de entrada estaba controlada por varios vigilantes para asegurar que solamente gente “aceptable” entrase en el edificio. Supongo que me dejó entrar por ser Europea, porque la verdad es que yo no parecía realmente aceptable vestida del típico estilo hippie mochilero. Solamente me di cuenta de ello cuando me fijé en el público que acudía a este lugar: Chicas Indias guapísimas y modernas en tejanos y camisetas ajustaditas y chavales peinados a la última con gafas de sol y camisas de marca imitando a los héroes de Bollywood.

De alguna manera en ¨mi¨ India la forma de vestir carece de importancia. Después  de algunos meses de viajar en plan simple pero complicado, uno ya no se da ni cuenta si alguna prenda tiene uno o varios agujeros o si la ropa originalmente blanca ha ido adaptando una escala de tonos indefinibles. Como uno casi siempre acaba juntándose con gente de su misma tribu, no se da ni cuenta de estos detalles, hasta cruzarse con alguien de aspecto ¨decente¨.

Hacía un calor tremendo en la calle y enseguida disfruté del olvidado soplido frío del aire acondicionado dentro del centro comercial. Me dí cuenta de que ya no estaba más acostumbrada a la típica iluminación artificial estéril y los reflejos de los suelos y cristales pulidos me irritaban la vista. Me pasee por los escaparates sintiéndome abducida hacía otra realidad lejana pero familiar. Había artículos de todas las grandes marcas conocidas en occidente e incluso una amplia zona de recreo con restaurantes y cines. Hasta me compré un carísimo helado italiano! Estaba disfrutando de mi pequeño dulce lujo mientras observaba la turbulenta movida en la calle de abajo a través de una pared de vidrio.

De repente mi helado ya no sabía tan bueno; allí abajo estaba la polución gris y sofocante, los conductores de rickshaws bañados en sudor esperando a clientes, niños sucios pidiendo limosna en los semáforos, chuchos callejeros husmeando por la basura, indigentes durmiendo en medio del denso tráfico y vacas masticando bolsas de plástico con gran placer en plena carretera.

¡Si!

¡El mundo real seguía allí!

¡Y “mi” India estaba allí fuera!

Lo que quiero decir es que no pretendo generalizar nada en este blog, aunque a veces puede que lo parezca. No existe nada en el mundo que sea mejor o peor; las cosas simplemente son diferentes y así son las experiencias.

¡QUE TU INDIA TE ACOMPAÑE!

I Love my India