Lost in tradition

August 2015

My comeback to India was indeed intense this time. On the same day I arrived in Delhi I received a phone call with horrible news: My best friend in the village had died of mushroom poisoning. I couldn’t believe it, she had a pretty good mushroom hunting knowledge.There are rumors that unhappy Indian wives occasionally mix some “special” mushrooms into their husbands’ dishes to get rid of them, but that’s another story…

She was an Indian lady, a strong woman, kind and fun. My daughter loved to go to her place to play with her grandchildren and I loved to go there, because I felt absolutely comfortable in her company. I don’t even know how old she was; every time I asked about her age over the past seven years she used to answer “40”. I will miss her hugs, laughter, company and listening to her singing and playing the dolak, especially during the Holi Festival.

southtemple

After coming back to our mountain village, I went to visit the family to offer my condolences. It was hard. And of course, as all too often, I unknowingly blundered.

When I came back from there, our neighbor told me that TODAY was NOT the right day to visit a mourning family. The good days were Monday, Wednesday and Saturday. I sighed. How would I know? But being a foreigner, the family probably understood and kindly ignored my mistake.

Indian traditions and social rules are really complicated to get for a foreigner, no matter how hard you try. There are innumerable details that have to be observed and all of it depends on the region, community, family and caste. Sure you can always ask an Indian, but for them all the details just come naturally and if you do not ask precisely about any possible little thing, they will probably forget explaining it to you.

I live in India since almost eight years and I only can say that the bit I know is equal to nothing!

Where we live a mourning period of eleven days is observed after somebody passes away. Close family members are not supposed to leave the house, except for performing the corresponding rituals for the parting soul in the temple. The ladies of the household will wear simple clothes and will renounce wearing jewelry and cosmetics, while the male members of the family shave their heads; the sons wear traditional white colored clothing.

On the eleventh day the mourning phase ends and people start slowly getting back to their routine. A humble celebration is held in remembrance of the departed person and people dress up for the occasion. Exactly on that day my daughter ran away to meet the children of the family and I followed her. I didn’t know that it was the end of the morning period and was completely under dressed, my faded clothes stained with flour from baking. I greeted timidly from a distance, caught my girl and disappeared unobtrusively.

People here must think that I am a real weirdo. I am a bit of a disaster when it comes to remembering dates: I usually barely know which day of the week it actually is. I guess it has something to do that during the tourist season we open our cafe seven days a week and in the off-season, every day is a Sunday for us. Usually I forget about fasting days and most of the religious celebrations, too.

THERE ARE SO MANY!

Sometimes I only know about a festivity because our neighbor Mataji suddenly shows up with a plate full of treats in her hands. Shame on me!

Some might wonder how come that I do not have more knowledge about the Indian rituals and traditions being married with an Indian. I have been asking myself the same question and came to the conclusion that it figures that my husband left his home at the young age of eleven. He did not witness many years of deep family traditions inside of his home. Another point is that in most of the traditions there is a great difference in behavior and rituals, depending on whether you are a man or a woman.

Many times I asked my husband if I should go to this or that ceremony, what I should wear or what I should bring. He never really knew which advice to give me. He lived most of his life as a sadhu, which means that he did not live with any female presence that was not the image or a sculpture of a goddess. How would he know about how his wife was supposed to behave on a wedding, a funeral, when a new baby was born or if she was to attend this or that temple ceremony or not?

Baba also never has been a very ritualistic person himself and uses to say:

” If you are happy, then god is also happy. God doesn’t care if you fast or not; or even if you fail visiting the temple. All this, people actually just do for themselves. What really matters is that you try to be the best person you can be in your daily life ”

godonwheels

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Caminando por las huellas de John Lennon

Julio 2007

…me encantó Rishikesh y estaba encantada con mi Baba!

A ratos todo me parecía absolutamente surrealista, aún estaba pensando mucho en el trabajo.

Mientras que estaba sentada en las orillas del ganges, bañando mis pies en su agua sagrada, rodeada por alegres mariposas amarillas, me acordé de que en este preciso instante estaría sentada en mi oficina gris de Barcelona y que tocaría redactar el informe semanal. Con una sonrisa satisfecha borré esa imagen de mi mente observando como las suaves olas acariciaban los dedos de mis pies. Suspiré profundamente sintiendo una profunda gratitud por finalmente haber sido capaz de dejar ese trabajo que me tenía atrapada durante tantos años y que en realidad nunca me gustó.

Beatlesashram

Un día, Baba y yo estábamos sentados en el Last Chance Café a solas cuando de repente me preguntó:

“Ek puppy milega?”

Esto lo hacía mucho; hablarme en hindi y claro que yo no entendí ni papa. Pero ya había aprendido que “ek” significa uno y “milega”  posible. Estaba confundida…

¿Qué quería qué?

“Puppy” quiere decir cachorro en inglés; no tenía sentido, así que le pregunté:

“Puppy? Que quieres decir? Un perrito?!?”

Se rió y dijo:

“No perrito! Besoooo!”

…Bueno, supongo que esto fue cuando nos convertimos en pareja…


Era la época del monzón y no había muchos turistas. Descubrí lugares hermosos, pero la mayoría del tiempo simplemente no hacíamos nada y disfrutábamos de nuestro tiempo en la guesthouse, dónde ya formábamos parte de la familia del Last Chance Café.

Mi sitio favorito era y todavía es el Ashram de los Beatles. Se llama así porque el famoso grupo musical vino aquí en 1968 para abrirse a la meditación trascendental siguiendo las instrucciones del Gurú Maharishi Mahesh Yogi.

Cabañas de meditación

Parece que el recinto fue un pequeño pueblo autónomo en sus días de gloria. Tenía su propio banco y oficina de correos. Ahora solo quedan ruinas invadidas por la naturaleza, pero es pura magia pasear por este sitio en medio de la selva, dónde lianas e inmensas buganvillas se han apoderado de los viejos edificios. Es fácil imaginarse que aspecto debería haber tenido entonces, en los viejos tiempos hippies. ¡Parece de locos que John Lennon y Paul Mc Cartney estuvieron paseando por estos mismos senderos!

Los residentes de Rishikesh también lo llaman Chaurasi (84) Kutir (cabaña), ya que hay 84 cabañas individuales de meditación con un interesante diseño redondo dentro del ashram. También hay grandes edificios con  numerosas habitaciones dónde se alojaban los devotos y una gran sala de meditación cuyos muros lucen muy buenas obras de arte creados por gente de todo el mundo que pasa por allí, así que ahora se conoce como  “The Beatles Cathedral Art Gallery”.

Beatles Ashram Art GalleryLamentablemente todos los edificios han sido saqueados después del abandono del ashram. La gente se llevó todo que se podía vender o usar para la construcción: Barras de hierro, azulejos y hasta los asientos de váter. Pero en algunas habitaciones aún encontré pequeños tesoros en forma de viejas revistas y panfletos sobre retiros de yoga publicados en los años 70.

El espacio subterráneo de meditación es un lugar un poco escalofriante: Consiste en un estrecho y larguísimo túnel oscuro que da por ambos lados a un gran número de pequeñas cuevitas redondas de meditación. Murciélagos, ratas y serpientes lo han hecho su hogar y es realmente espantoso atravesar el túnel con nada más que una linterna. No me extraña que los sadhus cuenten tantas historias sobre fantasmas y espíritus que aparentemente residen dentro del Beatles Ashram.

Beatles Ashram RooftopLas azoteas de los grandes edificios son maravillosas, ya que ofrecen unas vistas espectaculares sobre el Ganges, especialmente durante las puestas del sol. Los mosaicos que cubren el suelo me recuerdan mucho a las obras de Antoni Gaudí. A través de una escalera uno puede penetrar dentro de los gigantescos depósitos de agua en forma de huevo, que son especialmente populares entre músicos y yoguis, porque la acústica y el ambiente dentro de esos huevos son fantásticos para tocar música o meditar.

Una vez queríamos pasar una noche romántica en uno de los huevos. ¡Era un desastre! Demasiado polvo e insectos, mezclados con los sonidos salvajes de la jungla, no me dejaron pegar ni ojo en toda la noche. Los residentes dicen que leopardos, tigres, elefantes y otras criaturas salvajes deambulan por allí y Baba dice que una vez vio una cobra de cinco cabezas!

¡Por suerte yo nunca tuve un encuentro de este tipo!

La única cosa que ví allí eran inofensivos pavos reales y gigantes pilas de excrementos, que me confirmaron la existencia de elefantes en el aérea.

Ahora el Beatles Ashram pertenece al gobierno. Antes había un vigilante del departamento forestal, que vivía en el viejo edificio de recepción y cuyo deber era no dejar pasar a nadie por razones de seguridad. Pero por un poco de baksheesh (soborno) te dejaba pasar. Por un poquito más de baksheesh incluso daba permiso para celebrar fiestas y jam sessions y por si no querías entrar en el juego de sobornos, otra alternativa era colarse por la parte de atrás.

No sé muy bien porqué y cómo, pero ahora el vigilante fue reemplazado por un sadhu que se llama Langra Baba (Baba Cojo). No tengo ni idea de que ocurrió y admito que desde hace mucho tiempo ya no intento averiguar razones lógicas en este país. Por un lado porque no suelo entender la mayoría de explicaciones que se me dan de todas formas, porque no tienen sentido y por el otro, porque a veces las cosas en la India simplemente SON y punto.


“EL TIEMPO QUE DISFRUTAS PERDIENDO NO ES TIEMPO PERDIDO!”

 – JOHN LENNON

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Primera parada: “Last Chance”

Junio 2007

“Señoras y Señores en breve aterrizaremos en el aeropuerto de Nueva Delhi. Son las cuatro de la mañana y la temperatura local es de 42 Cº”

¿Cómo?

¡Ahora sí que estaba despierta!

¿Podría ser verdad, 42 Cº a estas horas de la madrugada?

¡Claro que era verdad!

¿Qué esperaba? Estábamos en junio, el último mes antes de que empiece el monzón, cuando el calor sofocante está llegando a su culminación en el Norte de la India.

Una vez fuera del aeropuerto, la intensidad del calor casi me tumbó. Subí al Rickshaw que se me había asignado en el contador del aeropuerto para dirigirme a uno de los hoteles baratos recurridos por mochileros que me había recomendado un amigo. También me había dicho que era uno de los hoteles de bajo coste más decente del barrio de Pahar Ganj y que era un buen sitio para alojarse en Delhi.

Como la mayoría de los hoteles de la zona, la habitación no tenía ventanas y dentro hacía al menos el doble de calor que fuera. Tomé una ducha rápida rezando que el trozo de madera que se estaba desprendiendo del techo no me iba a caer en la cabeza. Pensé que una ducha iba a refrescarme, pero el agua que salía del grifo tenía la temperatura de un buen caldo casero. Me tumbé encima de la cama debajo del ventilador ruidoso y tambaleante, intentando no moverme. Esto tampoco sirvió de mucho y en cuestión de segundos estaba igual de empapada que antes.

Tenía pensado quedarme una noche en Delhi y tirar hacía Rishikesh el día siguiente y aprendí que en la India hay que ser flexible. Había intentado salir de mi habitación para explorar el bazar, pero abandoné la idea después de solo cinco minutos. Era una tortura estar allí fuera, era como alguien me estaba poniendo un secador industrial de aire caliente en plena cara y con cada paso tenía la sensación de encoger. Volví al Hotel a por mis cosas y subí al siguiente autobús de turistas rumbo Rishikesh.

¡Qué ganas de salir de Delhi y que ganas más aun de llegar a mi destino!

El trayecto duró unas ocho horas y no pegue ojo en toda la noche. Por un lado porque no sabía que la intensidad de los golpes producido por las carreteras en mal estado se triplicaba en la parte trasera del bus (que por cierto estaba compartiendo con una familia India y el hijo más pequeño durmió tranquilamente con medio cuerpecito encima mío) y por el otro porque estaba muy nerviosa. Baba me había llamado el día antes y le dije cuando el bus iba a llegar.

¿Vendría a buscarme?

¿En que guesthouse me iba a alojar?

¿Como los dos íbamos a reaccionar al vernos cara a cara?

Todo olía a aventura y al amanecer crucé el puente de Ramjuhla con mi pesada mochila. También en Rishikesh ya hacía calor a estas horas tempranas, pero comparado con Delhi era un verdadero placer.

Para mí, cruzar este puente antes de que salga el sol siempre es un momento mágico. No hay ruido de tráfico y la paz me invade mientras observo como unas pocas personas ya comienzan sus rituales matutinas en las orillas del Ganges, que fluye majestuosamente por debajo de mis pies.

Me dirigí hacía el Last Chance Café, el lugar dónde quedábamos casi siempre cuando había venido a Rishikish para participar en el Festival de Yoga. Sabía que también alquilaban habitaciones. Pase por la callejuela del bazar. Todas las tiendas aún estaban cerradas y hasta las vacas y los perros callejeros aun estaban durmiendo. En el Last Chance tampoco nadie estaba despierto, me daba cosa de despertar a alguien y de Baba ni rastro. Así que por fin me quité la mochila que apretaba mis hombros y me senté en el jardín. Después de un rato apareció Vijay, que es el encargado, seguido por el cocinero y al verme ambos sonrieron de oreja a oreja y su primera pregunta fue:

“Y dónde está Baba Ji?”

“Esto ya me gustaría saber a mi” contesté.

 Me instalé en una de las habitaciones, para llamarlo de alguna manera. Creo que ahora toca describir este lugar único llamado Last Chance Café: Hasta este momento no había visto la guesthouse por dentro, ya que siempre nos habíamos sentado en el jardín o en la cabaña de bambú, que es el café-restaurante.

Más o menos estas eran mis primeras observaciones:

En la entrada se encuentra un pequeño escritorio que sirve de recepción y un armario metálico oxidado. A la derecha se hay un dormitorio con ocho camas que parece salir de una película triste sobre un orfanato. A la derecha hay una sala con cuatro puertas que llevan a las habitaciones, que de hecho se parecen podrían pasar perfectamente por establos para ganado: Las paredes están hechas de madera contrachapada que no llegan ni al techo; este espacio está cubierto por una alambrera, es decir que se puede escuchar hasta un pedito de tu vecino que está durmiendo dos habitaciones más allá. Ah, y no nos olvidemos de la habitación “Deluxe” a la que llamamos “la suite de luna de miel”, simplemente porque es la única habitación del edificio que tiene paredes de verdad, pero que en estos momentos desafortunadamente ya estaba ocupada.

Los baños y lavabos están fuera y dan al visitante la oportunidad de conocer a la fauna local de cerca, ya que allí habitan salamanquesas, ranas e insectos de todos los colores y tamaños, siempre dependiendo de la época del año. Las instalaciones no están alicatadas y funcionan con el antiguo sistema indio, también conocido como “Cubo y jarra”, es decir, no hay ducha. Lo que se hace es llenar el cubo de agua y echarse el agua por encima mediante una jarra. Lavar pelos largos requiere algo de práctica. Si realmente hace falta, se puede pedir un cubo de agua caliente en la cocina. Los váteres, también son estilo Indio, es decir que no hay asientos y que tienes que acuclillarte y practicar la postura de yoga del cuervo. De hecho yo prefiero este tipo de WC ya que me parece mucho más higiénico, visto las circunstancias.

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Ya había pasado un punto de fatiga en el cual fue imposible dormirme. Así que dejé todo en mi establo de vacas para dar un paseo por las orillas del Ganges, que por cierto había cambiado mucho desde mi última visita en marzo. Sus aguas ya no estaban tranquilas como lo recordaba y su color turquesa, se habían convertido en un tono café con leche, probablemente causado por lluvia y nieve fundida de los Himalayas. Me senté en un banco de piedra y observé como un gran número de ofrendas entregadas a la Madre Ganga en forma de flores de todos los colores flotaban alegremente por las suaves olas, cuando de repente sonó mi móvil.

 “Hola?”

“Ahora tu donde?”

“Sentada en un banco cerca del puente.”

“Ok. Yo vengo.”

Cinco minutos más tardes apareció mi Baba acompañado por otro sadhu. El reencuentro fue bastante formal: Nos dimos la mano, pero mi corazón palpitaba con fuerza. El, como siempre, me parecía guapísimo!

Sonrió y dijo:

“Chelo Last Chance!” – “Vamos al Last Chance!”

Living a Double Life

July 2010

Yes, in India everything is pretty cheap; at least if you have a western salary. But when you have to earn your living in rupees, things look very different.

Sure, we didn’t have to pay a rent anymore, but like everywhere else, there were bills to pay and still plenty of things to finish in the house. As you can imagine, we did not get really far with renting only one room to travelers; the tourist seasons here are short and it was impossible to put even one single rupee aside for surviving during the off-season. The last of my savings were shrinking drastically, too.

However, necessity is the mother of invention.

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We started to organize Jam Sessions at our place, cooking and selling our tasty home-cooked food. Sometimes our narrow terrace was so crowded that people had to squeeze tightly together. Usually people brought their instruments along and some of the parties were really amazing. Other times our guests waited full of expectations for the music to begin, the only problem was that nobody had brought an instrument; in which case the jam-session was spontaneously transformed into a movie night in our living room.

Nevertheless it was never enough income and I had to rush back to Europe to make some money. The crisis had started there and people were discouraging me considerably regarding the chances of finding a job.

But I was lucky! Not even two weeks had passed and I received an acceptance letter from the first job interview I had in a telecommunication company. I was aiming for something temporary, but the company was looking for people seeking regular employment. I agreed and few days later I started working in the call-center. I felt guilty in the beginning, as I had not the slightest intention of doing that job longer than a few months. But I could not afford to not take this job and decided to put my needs in first place. Who would actually care if resigned? Does any big company really care about the personal needs of their workers? Their interests are numbers; and so were mine.

When they first showed me my future workstation, I caught my breath! To me it looked like a scene from a science fiction movie: A huge, grey office-cube consisting of countless rows of seats where people were plugged onto the computer system with their headsets.

SCARY !

office

I just came out of the jungle and by now was used to see the blue sky over my head, feel the sunbeams caressing my skin, the green grass tickling my naked feet and the wind brushing through my hair throughout the day.

“Only some months, You can do it!”

I told myself again and again. It’s amazing, humans are creatures of habit and soon I accepted and got used to my new situation.

The job itself was of course not really fulfilling, but the company was pretty cool. I got food tickets to spend in the food-court which belonged to the office compound where I stuffed myself daily with pizzas and other western food which I haven’t had for many months. All of the employees were young people from all over the world and the working atmosphere was friendly and casual. With some colleagues I got along very well; there was only one problem:

I WAS LEADING A DOUBLE LIFE !

As I had signed a contract of employment of indefinite duration, I couldn’t tell anybody about my intention to quit in a few months. Neither could I tell anybody much about my private life; living in the Himalayas and married to a sadhu. Therefore I tried to keep conversations simple and if somebody asked me by chance if I was in a relationship, I limited myself by answering “Oh, it’s complicated” – which, it was indeed.

My intention was to go back to India in three months after having saved some money to bring back. The thing is that saving money in the west is not easy. In Spain salaries are low and in Barcelona life is expensive. I spent much money for public transport, food and other necessary things. Of course, I also wanted to meet all my friends there and every time I had a coffee or a beer I was calculating for how many days I could buy food in India with the money I had just spent for a single drink. Few things are free in Barcelona; there is the beach and a few street festivals; anything else costs money. I was lucky enough that my best Spanish friend hosted me in her flat and I really enjoyed all the time I could spend with her and her flatmate.

I also could go on paid holiday like a normal employee and went to visit my parents, who live in a small village in the south-west coast of France and in the end of the year I spent some quality time with my sister’s family in Germany.

In the end I had to work six months in Barcelona to save at least a bit of money. I also found out that only few workers actually stayed in the company longer than a year and I didn’t feel that guilty anymore about my little lie. The day I quit they asked me for the reason and I answered that I would go back home. For them it was clear that I meant Germany, but while saying so, I pictured in my head the beauty of the Indian Himalaya peaks.

No More Secrets !

February 2009

I was happy in my new world. But there was one thing disturbing my inner peace again and again and I had to solve it as soon as possible:

Tell my parents that I married an Indian Sadhu and that I had actually just built a house in the Himalayas, planning to live there permanently.

WOW, THIS WAS QUITE A MISSION!

The reason that I had told them as few details as possible so far about my situation was mainly that I did not want to cause any unnecessary worries.Things and stories of everyday’s life here in India can sound pretty shocking to someone who has never put a foot on these grounds and my parents had never even gone out of Europe. To explain alone the definition of a Sadhu would have taken hours and would probably even then be pretty much misunderstood.

I figured my mother would most likely exclaim something like:

“Oh my god, you are in a sect! And you got brain-washed!”

By the time she was getting unavoidably more and more worried and asked awkward questions when we talked on the phone. She kept on wondering when my temporary craze and passion for India would finally be over, which didn’t make things much easier to handle.

My plan was to wait for my next visit to Europe to tell the long and eventful story face to face. I wanted to be there in person to answer all the questions, to hug them and to show them that I was still the same daughter; the same one who grew up in Germany and who had been working in an office in Spain, only that now I had decided to take a step into a completely different direction.

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But the situation turned more and more delicate and stressful for both sides. There were several months left before my return to Europe and eventually, I could not bear any longer the tension and half-truths and so I decided to write a long e-mail explaining everything that had happened as well and clear as possible. It was still better and easier than trying to explain it by phone. It would give my mother time to reread and digest the news before we would talk again on the phone.

Still, as you can imagine, the shock was big and unleashed a painful drama which lasted for several days. My mother was asking herself what she had done wrong while raising me, she sure did a good job, there is no doubt. And me, on one hand I felt guilty and bad for having caused so much trouble and pain to people I loved, but on the other hand I also felt better and incredibly relieved.

NO MORE SECRETS !

As time passed, eventually there was understanding and acceptance – and peace.

When I think about life, sometimes everything seems absurd. But if I look closer it actually all makes sense:

I cannot find myself and be happy if I live my life up to other peoples’ expectations. I still have no idea about what my mission is in this existence. The only thing I know for sure is that I am here to learn. Life is a chain of decisions and events, which in the end lead you to where you ought to be and turn you into the person you really are.

If my social surroundings wouldn’t have insisted on me to drop the kindergarten job I had started, I would never have studied languages. If I wouldn’t have studied Spanish, I would never have moved to Barcelona, where I got that stressful office job which pushed me to the decision to practice yoga; and without yoga, I would probably never have traveled to India.

For now, that’s all I know and I am looking forward to discover how the chain of life will continue to unfold itself.

Om Symbol

Mente vs. corazón

Marzo 2007

Nos quedamos en Rishikesh durante solamente una semana, pero un solo día estaba cargado con tanta intensidad e historias, que me parecía llevar ya un siglo flotando por la densa magia de mi primera aventura en la India.

Puede que algunos que ya han estado viajando por esas tierras pensarán ahora:

“¡Que chica más inocente, juntándose con uno de estos Babas de Rishikesh!”

y tengo que decir que tienen mucha razón!

Pienso que tuve mucha suerte de haberme encontrado con este sadhu en particular. Diría casi que es muy poco probable cruzarse con un sadhu “de verdad” en Rishikesh. Eso sí, las calles están repletas de hombres vestidos con túnicas naranjas, pero de hecho solo hay unos pocos que están seriamente comprometidos con un camino espiritual.

Muchas son las  historias sobre malas experiencias de viajeros, sobre todo mujeres mochileros, que han tenido amistades con algún Baba de la calle. Un sadhu de verdad no suele quedarse mucho tiempo en sitios turísticos y muchos incluso intentan evitar el contacto con turistas, especialmente con mujeres. La mayoría de ellos, que se lo toman en serio, solo hablarán unas cuantas palabras de inglés. Esto es un punto: Mi Baba apenas sabía decir algo en otro idioma que no era hindi. De hecho muchas veces yo incluso dudaba si entendía algo en absoluto de lo que yo le contaba. Lo nuestro era más bien una especie de conversaciones de alma a alma con un poquito de ayuda de lenguaje por señas.

BabaGanga

Más tiempo que pasé  con él, más me pillaba a mi misma desarrollando emociones cada vez más intensas, lo cual me asustó bastante.

¡Madre mía! ¿Acaso estaría enamorándome?

A esta pregunta mi corazón estaba pegando saltitos, pero mi mente intentaba convencerme de lo contrario diciéndome cosas como:

‘¡Venga ya! En cuanto te vayas encontrará a la siguiente chica viajera con que pasar el tiempo. ¡Deja de soñar!’

O bien:

‘¿Qué leches estas pensando? ¡Es la India y tú vives en España! En caso de que realmente hubiera una historia de amor ¿cómo iba a seguir?’

Y:

‘Chica, acabes de pasar una gran crisis amorosa ¿No iras a cagarla otra vez?’

Decidí de disfrutar del poco tiempo que iba a estar por este lugar maravilloso tratando de ignorar lo mejor posible a esta pesada lucha interna de emociones. Más rápido de lo pensado llegó el inevitable momento de la despedida.

Cuando me junté al grupo para dejar Rishikesh atrás, Baba me preguntó por mi número de teléfono. Sin vacilar lo apunté en su agenda, que por cierto estaba repleto de números y direcciones de otros viajeros de todo el mundo. De formas no me iba a llamar. Era un Baba, que dormía bajo las estrellas, sin posesiones, ni dinero. Llamadas a Europa son relativamente caras, así que al tener algo de dinero lo seguro era que lo iba a gastar en cosas esenciales para él, como comida, mantas o en fumar. Había decidido firmemente de ignorar mi agitado corazón para darle por una vez en mi vida una oportunidad a la razón de mi mente.

De vuelta en casa, todo me parecía raro:

¡ABSOLUTAMENTE TODO!

De pronto me irritaba como la gente hablaba y se relacionaba entre sí. Me asustó la velocidad con que la vida se movía, todo me parecía abstracto, sin sentido y me costaba mucho volver a conectar con mi mundo occidental.  La vuelta a la otra dimensión era como un choque cultural, pero al revés.

Pronto tocó volver al trabajo: Allí estaba yo, igual que antes, sentada en la misma silla de oficina haciendo las mismas tareas que no me gustaban. Siempre había sido una buena trabajadora obediente, pero después de este viaje decidí que no iba a hacer más horas extras, horas de mi vida que ni se pagaban, ni se podían recuperar en forma de días libres. Al fin y al cabo, la empresa no era mía, entonces ¿Porque trabajar tan duro?  La vida laboral había perdido importancia en mi vida y ya era tiempo de cuidarme más a mi misma respetando mis necesidades y limites para no dejar de sobrecogerme por el estrés. Si el simple hecho de decir NO’ me hacía sentir tan bien, seguro que estaba haciendo lo correcto.

Había pasado una semana desde la vuelta de India cuando de repente sonó mi móvil. Casi me desmallé cuando escuche la voz de mi baba.

‘Hari Om’

‘¿Hola?’ Casi se me cayó el teléfono y no sabía que decir.

‘¿Si, tu bien?’

‘Bien. Echo de menos a la India’

‘Yo también echarte de menos. ¿Qué haces?’

‘Trabajar. ¿Y tú?’

‘Yo aquí en Kashi Chai shop. Bebiendo chai y fumar’

‘ahhh…que bien…’

‘¿Cuando vuelves a India? Todo el tiempo pienso en  ti’

‘No sé. Puede que este año. Tengo que hablar con mi jefa.’

‘Ok, tú hablar, y luego vienes, ¿vale? ¿Tu bien?’

‘Si, si, yo bien.’

‘Ok. Bye bye.’

 

No me lo podía creer: ¡Llamó!

Así que igual me mente se había equivocado. La luz que conectaba las dos dimensiones empezó a viajar por el túnel del tiempo y mi cabeza no paraba de dar vueltas.

Durante mis habituales clases de yoga observaba mi cacao mental como siempre. ¡Tenía que volver! Necesitaba averiguar a dónde me llevaba esta luz. ¿Pero cómo y cuándo?

Quería volver, aunque igual no habría más que una simple pero bonita amistad con mi sadhu. Además, las historias de los mochileros que escuchaba durante mi ruta de chais diaria en Rishikesh me habían dado un montón de envidia.

¿Porque yo nunca había hecho algo así?

 La India es un país tan inmenso en todos los sentidos que me había quedado con las ganas de conocerla más y mejor. Si estos mochileros consiguieron encontrar una manera de viajar por algunos meses o incluso un año, yo también!

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Así que un día cualquiera entre en la oficina de mi jefa y le pregunté por seis meses de excedencia. Llevaba ya casi diez años en la empresa y nunca había pedido nada. Mi jefa no se lo esperaba y me dijo que tendría que estudiar el tema. Unos días después volví a su despacho y me dijo que igual sería posible dentro de un par de meses. Después de dos meses me dijo que igual me podría decir algo en seis meses, pero antes nada. Ese mismo día dimití.

Nunca olvidaré lo bien que me sentí ese día al salir de este edificio gris. Estaba invadida por la absoluta certeza que había hecho lo correcto. ¡Es la mejor sensación del mundo!

No se iba a acabar el mundo por finalmente haberme librado del trabajo que no me gustaba o de la relación personal que ya no me llevaba a ninguna parte. No iba a pasar nada, la vida siempre sigue de alguna manera u otra. Admito que había momentos cuando tenía una sensación de vértigo, como si alguien me hubiese arrancado la alfombra de debajo de los pies; una potente mezcla de miedo al desconocido y espíritu aventurero.

…un par de semanas más tarde cogí mi mochila rumbo a la India.

Villagers and Backpackers

March 2010

The humble, little home we built consists of three rooms: Our private room, a guest room we rent out to backpackers and a common living-room, which we rarely use as we spend most of the time outdoors.

Loft BedTo have as much space as possible I decided to build a loft bed, to gain some extra space beneath it. Our mysteries (carpenters) were pretty surprised and looked at me doubtfully while I somehow tried to explain them the idea. I had to show them some photos on the internet and eventually and despite their obvious doubts about the “weird” project we managed to get the beds done. The voice spread and soon the entire village came by to have a look at the construction.

 

The village people accepted us well, but of course we were a bit of a strange couple to them; a Sadhu MARRIED to a western woman and we did not have kids, but plenty of dogs hanging out at our place. But there is something that I really love about this village: The locals live their lives and the travelers live theirs’. No staring, no hassling, but a general mutual acceptance. Of course there is some of an understandable amazement among the inhabitants when a western tourist girl walks through the tiny Himalayan village in a Mini-skirt. That kind of situations still make me feel embarrassed in some way and I cannot understand what is so difficult about dressing in a decent way to show some respect towards the local culture.

Since I live here I met a lot of people from all over the world; they come and go.

…and then at some point most of them return!

This makes it much easier to say goodbye, as somehow I know or I feel that we well meet again someday, somehow. The village is very popular among long-stayers, many stay for months and come back here year after year. The travelers who decide to rent out our guest room are usually really nice. It’s not to everybody’s taste to share a space with strangers; some people rather prefer to have their own private space. The people who come to us are usually very social and used to live in some kind of community. Baba is absolutely a people-person; he loves to meet new people, to share his stories and to make others happy with very simple things, like the delicious Indian dishes he cooks. More often than not our visitors end up being really good friends, sometimes they even become part of the family.

Of course like everywhere else in the world there are also exceptions, but I firmly believe that all encounters in life, no matter how insignificant they may seem, are meant to happen and that we don’t cross people due to mere coincidence.

There is a lot to learn from others in so many ways. Each person gives us a chance to learn a bit more about ourselves, and maybe sometimes they are also meant to learn something from us.