Mente vs. corazón

Marzo 2007

Nos quedamos en Rishikesh durante solamente una semana, pero un solo día estaba cargado con tanta intensidad e historias, que me parecía llevar ya un siglo flotando por la densa magia de mi primera aventura en la India.

Puede que algunos que ya han estado viajando por esas tierras pensarán ahora:

“¡Que chica más inocente, juntándose con uno de estos Babas de Rishikesh!”

y tengo que decir que tienen mucha razón!

Pienso que tuve mucha suerte de haberme encontrado con este sadhu en particular. Diría casi que es muy poco probable cruzarse con un sadhu “de verdad” en Rishikesh. Eso sí, las calles están repletas de hombres vestidos con túnicas naranjas, pero de hecho solo hay unos pocos que están seriamente comprometidos con un camino espiritual.

Muchas son las  historias sobre malas experiencias de viajeros, sobre todo mujeres mochileros, que han tenido amistades con algún Baba de la calle. Un sadhu de verdad no suele quedarse mucho tiempo en sitios turísticos y muchos incluso intentan evitar el contacto con turistas, especialmente con mujeres. La mayoría de ellos, que se lo toman en serio, solo hablarán unas cuantas palabras de inglés. Esto es un punto: Mi Baba apenas sabía decir algo en otro idioma que no era hindi. De hecho muchas veces yo incluso dudaba si entendía algo en absoluto de lo que yo le contaba. Lo nuestro era más bien una especie de conversaciones de alma a alma con un poquito de ayuda de lenguaje por señas.

BabaGanga

Más tiempo que pasé  con él, más me pillaba a mi misma desarrollando emociones cada vez más intensas, lo cual me asustó bastante.

¡Madre mía! ¿Acaso estaría enamorándome?

A esta pregunta mi corazón estaba pegando saltitos, pero mi mente intentaba convencerme de lo contrario diciéndome cosas como:

‘¡Venga ya! En cuanto te vayas encontrará a la siguiente chica viajera con que pasar el tiempo. ¡Deja de soñar!’

O bien:

‘¿Qué leches estas pensando? ¡Es la India y tú vives en España! En caso de que realmente hubiera una historia de amor ¿cómo iba a seguir?’

Y:

‘Chica, acabes de pasar una gran crisis amorosa ¿No iras a cagarla otra vez?’

Decidí de disfrutar del poco tiempo que iba a estar por este lugar maravilloso tratando de ignorar lo mejor posible a esta pesada lucha interna de emociones. Más rápido de lo pensado llegó el inevitable momento de la despedida.

Cuando me junté al grupo para dejar Rishikesh atrás, Baba me preguntó por mi número de teléfono. Sin vacilar lo apunté en su agenda, que por cierto estaba repleto de números y direcciones de otros viajeros de todo el mundo. De formas no me iba a llamar. Era un Baba, que dormía bajo las estrellas, sin posesiones, ni dinero. Llamadas a Europa son relativamente caras, así que al tener algo de dinero lo seguro era que lo iba a gastar en cosas esenciales para él, como comida, mantas o en fumar. Había decidido firmemente de ignorar mi agitado corazón para darle por una vez en mi vida una oportunidad a la razón de mi mente.

De vuelta en casa, todo me parecía raro:

¡ABSOLUTAMENTE TODO!

De pronto me irritaba como la gente hablaba y se relacionaba entre sí. Me asustó la velocidad con que la vida se movía, todo me parecía abstracto, sin sentido y me costaba mucho volver a conectar con mi mundo occidental.  La vuelta a la otra dimensión era como un choque cultural, pero al revés.

Pronto tocó volver al trabajo: Allí estaba yo, igual que antes, sentada en la misma silla de oficina haciendo las mismas tareas que no me gustaban. Siempre había sido una buena trabajadora obediente, pero después de este viaje decidí que no iba a hacer más horas extras, horas de mi vida que ni se pagaban, ni se podían recuperar en forma de días libres. Al fin y al cabo, la empresa no era mía, entonces ¿Porque trabajar tan duro?  La vida laboral había perdido importancia en mi vida y ya era tiempo de cuidarme más a mi misma respetando mis necesidades y limites para no dejar de sobrecogerme por el estrés. Si el simple hecho de decir NO’ me hacía sentir tan bien, seguro que estaba haciendo lo correcto.

Había pasado una semana desde la vuelta de India cuando de repente sonó mi móvil. Casi me desmallé cuando escuche la voz de mi baba.

‘Hari Om’

‘¿Hola?’ Casi se me cayó el teléfono y no sabía que decir.

‘¿Si, tu bien?’

‘Bien. Echo de menos a la India’

‘Yo también echarte de menos. ¿Qué haces?’

‘Trabajar. ¿Y tú?’

‘Yo aquí en Kashi Chai shop. Bebiendo chai y fumar’

‘ahhh…que bien…’

‘¿Cuando vuelves a India? Todo el tiempo pienso en  ti’

‘No sé. Puede que este año. Tengo que hablar con mi jefa.’

‘Ok, tú hablar, y luego vienes, ¿vale? ¿Tu bien?’

‘Si, si, yo bien.’

‘Ok. Bye bye.’

 

No me lo podía creer: ¡Llamó!

Así que igual me mente se había equivocado. La luz que conectaba las dos dimensiones empezó a viajar por el túnel del tiempo y mi cabeza no paraba de dar vueltas.

Durante mis habituales clases de yoga observaba mi cacao mental como siempre. ¡Tenía que volver! Necesitaba averiguar a dónde me llevaba esta luz. ¿Pero cómo y cuándo?

Quería volver, aunque igual no habría más que una simple pero bonita amistad con mi sadhu. Además, las historias de los mochileros que escuchaba durante mi ruta de chais diaria en Rishikesh me habían dado un montón de envidia.

¿Porque yo nunca había hecho algo así?

 La India es un país tan inmenso en todos los sentidos que me había quedado con las ganas de conocerla más y mejor. Si estos mochileros consiguieron encontrar una manera de viajar por algunos meses o incluso un año, yo también!

CIMG4523

Así que un día cualquiera entre en la oficina de mi jefa y le pregunté por seis meses de excedencia. Llevaba ya casi diez años en la empresa y nunca había pedido nada. Mi jefa no se lo esperaba y me dijo que tendría que estudiar el tema. Unos días después volví a su despacho y me dijo que igual sería posible dentro de un par de meses. Después de dos meses me dijo que igual me podría decir algo en seis meses, pero antes nada. Ese mismo día dimití.

Nunca olvidaré lo bien que me sentí ese día al salir de este edificio gris. Estaba invadida por la absoluta certeza que había hecho lo correcto. ¡Es la mejor sensación del mundo!

No se iba a acabar el mundo por finalmente haberme librado del trabajo que no me gustaba o de la relación personal que ya no me llevaba a ninguna parte. No iba a pasar nada, la vida siempre sigue de alguna manera u otra. Admito que había momentos cuando tenía una sensación de vértigo, como si alguien me hubiese arrancado la alfombra de debajo de los pies; una potente mezcla de miedo al desconocido y espíritu aventurero.

…un par de semanas más tarde cogí mi mochila rumbo a la India.